La Montería Criolla

La Montería Criolla es una modalidad de caza mayor. Esta modalidad nace con la raza, ya que se unió en un sólo ejemplar las cualidades de distintas razas: La velocidad del galgo irlandés, la legendaria mordida del bull terrier, el olfato del pointer, la rusticidad del mastín...

En Argentina, más precisamente en Córdoba, cuna de la raza, se caza el pecari o chancho del monte como lo conocen los lugareños. El pecarí es un animal huidizo, astuto y feroz en la lucha. Suele vivir en piaras bastante numerosas. Pertenece a la familia de los tayusoides, esto quiere decir que sus dientes, de buen tamaño, cierran como un perro al hacer presa. No tiene los colmillos alunados como el jabalí. Hay algunas clasificaciones taxonómicas que no lo consideran un suido. Su hábitat natural es un monte sucio, espinoso. Para los que no lo conocen, imaginen tener a una persona a 4 metros de distancia y no verla. El trabajo con un sabueso resulta casi imposible, ya que en el momento que comience a latir el rastro, pone en sobre aviso a los animales que huyen sin ninguna contención.

El Dogo Argentino, hablamos de ejemplares puros y funcionales, entra en el monte, busca, registra de manera incansable y silenciosa. Con su capacidad de venteo, detecta la presa y la persigue hasta poder capturarla y combatir con ella esperando la llegada del cazador. Este detecta el lugar de la pelea por el ruido, el cual lo guía como un faro, y se acerca para rematar la pieza a cuchillo.

Esto que al lector le pueda resultar algo fácil, no lo es en absoluto. Las posibilidades de éxito son muy pocas y quizá sea esto lo que exija al criador/cazador seleccionar los mejores ejemplares en cuanto a funcionalidad se refiere. Es posible que la complejidad e incertidumbre, de esta modalidad de caza, despierten una pasión en el cazador que a muchos, llega a quitarnos el sueño.

Hacia la primera década del siglo XX, el Sr. Pedro Luro, introduce el jabalí europeo (sus scofra) en la pampa. A finales de los años 20, debido a una gran tormenta, los jabalíes lograron escapar por debajo de la valla invadiendo de manera inexorable toda la mitad sur de Argentina. En algunos lugares, la caza por la escasez de agua, resulta relativamente factible practicarla desde un aguardo en alguna charca visitada por los jabalíes. Pero en las regiones donde los cultivos y el agua abundan, los movimientos del jabalí son erráticos y no se ve obligado a asistir de manera forzosa a un determinado lugar. Por este motivo la caza tradicional es impracticable.

Al ser el jabalí una especie exótica y relativamente joven en Argentina, no existían modalidades para su caza. Como ocurre en otros lugares como España, donde se practica la tan popular montería española, las batidas del norte, los ganchos, las rondas... Se adaptó el Dogo Argentino a este tipo de caza. Una jauría de 4 a 6 ejemplares que recorren el monte, el campo o las riberas de ríos, para detectar, perseguir y sujetar la presa, hasta la llegada del cazador.

También se practica esta modalidad sobre puma. Pero aquí las posibilidades son aún más escasas, ya que sus costumbres son solitarias y nocturnas. Dotado de un oído y olfato extraordinario. A todas estas cualidades, añadimos la inteligencia de su manera de correr, da largas zancadas y salta de un árbol a otro, dificultando mucho su localización y rastreo. En los pocos casos que se termina localizando la presa, es común encontrarla subida en lo alto de un árbol, donde los perros no tienen acceso.

La Montería Criolla es sin duda una variante de la Ronda Española, que se puede practicar tanto de día como de noche, pero con menor cantidad de perros y estos solamente la raza Dogo Argentino.

Pablo Marcote.


on miércoles 27 de mayo de 2009

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