Cuando hablamos de funcionalidad hablamos de cualidad de función, y la cualidad es la suma de caracteres, naturales o adquiridos, en el caso que nos atañe la funcionalidad del Dogo Argentino.
El filósofo y ensayista Español José Ortega y Gasset (1883-1955), en su obra La Caza y Los Toros escribe lo siguiente: El miedo del animal perseguido es como un vacío donde se precipita cuanto hay en el contorno. El miedo que hace huir a la res sorbe entero el paisaje, lo succiona, se lo lleva corriendo detrás de sí, y hasta el mismo cazador, que por fuera está quieto, le galopa el corazón montado en su taquicardia. El miedo de la res... Pero ¿es tan cierto que la res tiene miedo? Por lo menos su miedo nada tiene que ver con lo que es su miedo en el hombre. En el animal el miedo es permanente, en su modo de existir, es su oficio. Se trata, pues de un miedo profesional, y cuando algo se profesionaliza es ya otra cosa. Por eso, mientras el pavor hace al hombre torpe de mente y moción, lleva las facultades del bruto a su mayor rendimiento. La vida animal culmina en el miedo.
Muchas personas que leen relatos de cacerías con dogo y cuchillo pueden pensar que es algo muy fácil, simple y que no entraña dificultad extra que la de llevar los perros al monte. Antes los prueban en un corral con un jabalí y sacan una conclusión errónea: Si muerde entonces caza. Hay muchos que aseguran que todos los dogos cazan pero entre cazar y morder la diferencia es abismal.
Hay que comenzar por el principio, la base de la cría y selección que nos legó el único creador de la raza, el Dr: Antonio Nores Martinez: P X M + E, Padre por Madre más educación. Debemos partir de ejemplares típicos, que se ajusten al Estándar Original de la Raza. Deben ser perros con una constitución morfológica correcta, bien balanceados, de buenas proporciones, compactos. Ejemplares que combinen velocidad con fuerza. Que no se fatiguen con facilidad. Peso y talla media. Óptimo desarrollo muscular y óseo. Que acepten el adiestramiento sin inconvenientes y que sepan trabajar en equipo. Obedientes, equilibrados, dóciles con la gente(en muchas ocasiones compartimos una jornada de caza con desconocidos). Insensibles al dolor, con instinto de búsqueda, capacidad de venteo y persecución de su presa, valiente en el combate y mordida de presa eficaz. A esto hay que sumarle las dificultades del terreno. Desde monte cerrado y sucio, suelos espinosos, montañas, sembradíos donde el jabalí hace gala de su velocidad hasta la siguiente mancha de monte espinoso. El constante estado de alerta y miedo en el que viven los animales salvajes, dificultan las posibilidades de éxito y exigen que los criadores-cazadores, nos esmeremos en seleccionar a los ejemplares que mejor rendimiento y virtudes posean. Persiguiendo el ideal de un perro polivalente y especialista en su trabajo.
Todas estas cualidades se heredan de ejemplares que las poséen. En cada generación que pasa sin ser sometidos a un trabajo riguroso, seleccionando los ejemplares más aptos para este tipo de caza, se van diluyendo sus virtudes, degenerando y criando con la incertidumbre de ¿qué tendrán estos perros dentro? “Confiando” en el poder residual de la genética de algún lejano antepasado que se mantenga latente.
En España hay un refrán que reza: “burra grande ande o no ande”. Esto es inaplicable a nuestra raza. La altura y peso en el dogo juegan un papel muy importante en su función . El perro alto ve mermado su rendimiento por diferentes motivos. Principalmente la agilidad es bastante limitada, sus movimientos torpes, se cansa con demasiado facilidad, no es veloz, no le gusta trabajar en montes sucios. En caso de ser herido hay que cargar con él y resulta tedioso portarlo a veces kilómetros a nuestras espaldas. No es lo mismo llevar un perro de 60 kg, que uno de 38 kg. Hay quienes sostienen que el perro grande en el combate es más contundente que uno de menor talla. Esto puede ser si el agarre es en los primeros minutos de la cacería, cosa poco probable. El perro después de un rato de marcha comienza a sentirse fatigado. En vez de trabajar delante con los punteros, se los suele ver a 100 metros del caballo, o nuestro si fueramos a pié, con la lengua fuera y en las mayoría de los casos llega el cazador antes al agarre que ese perro pesado.
Otro de los factores determinantes para un óptimo rendimiento de nuestros dogos, son los labios y hocico. Según el Estándar Original de la raza los labios deben ser: "Bien arremangados, tirantes, de bordes libres pigmentados de negro. Se exige el labio bien corto, para que cuando un perro esté haciendo presa, pueda respirar también por la comisura labial posterior, porque si el labio es péndulo, aunque el maxilar sea bastante largo, viene a hacer de válvula en la inspiración y cierra la comisura de los labios lo que impide al animal hacer una respiración supletoria por la boca durante la presa, teniendo que largar por asfixia como pasa con el Mastif". El perro con labio largo o péndulo además de ser un motivo de descalificación, no sirve para la caza de montería, ya que además de lo expuesto anteriormente, al hacer presa se muerde los labios lo que lo hace un perro no funcional.
Referente al hocico corto, que es un problema bastante asociado al labio péndulo, también es un punto importante para analizar. Cara u Hocico: "Del mismo largo que el cráneo, es decir que la línea que une las dos apófisis orbitarias del frontal está a igual distancia del occipucio y del borde alveolar del maxilar superior". Al decir que del mismo largo que el cráneo, es algo muy fácil de comprender y medir. Esto no es por un mero capricho estético, esta ligado a la función. En el apartado “RAZA” esta perfectamente explicado el porque de estas proporciones. Además de los problemas respiratorios y constante sensación de asfixia que presentan los ejemplares de hocico corto, hay que contar con un menor numero de células olfativas que dificultan el venteo y una clara regresión hacia un bulldog, algo totalmente despreciable.
En cuanto a la constitución física en general, el dogo es un meso-morfo, es decir, mantiene una armonía en sus proporciones. El estándar considera motivo de descalificación, cualquier desproporción corporal. Debe tener los posteriores con buen desarrollo muscular, angulaciones moderadas. Un perro recto de posteriores, al igual que los de humero corto, tiene un bajo rendimiento ya que ven sus movimientos limitados y suelen sufrir graves lesiones en las rodilla. La línea superior ensillada y larga, también es indeseable en un perro de trabajo como es el Dogo Argentino.
Como podemos ver el dogo es como una máquina. Todas las piezas son importantes, si falla algún elemento, no obtendremos el resultado esperado ya que quizá funcione, pero con fallos.
Digamos que el combustible que hace funcionar a esta “máquina” es la herencia ancestral, el carácter, su instinto de lucha y entrega hasta el final, que no todos los dogos poseen. El dogo es un perro de combate y lo debe ser tanto psíquica como morfológicamente.
De nada nos sirve un ejemplar con una cabeza perfecta y un físico correcto, sin el instinto de caza, coraje y bravura que un buen dogo debe poseer.
Otro factor que es indispensable en la funcionalidad del Dogo Argentino, es su dueño. Ya sea un particular o un criador, de él depende que después de haber adquirido un ejemplar a un criador serio, se preocupe tanto de su tipicidad y estructura como de su carácter. Que reúna todas las condiciones que necesita para ser un buen Dogo y se encargue de potenciarlas al maximo, para que su descendencia herede estas virtudes.
Cada camada que se cría con ejemplares que a su vez descienden de individuos que no han tenido ningún tipo de gimnaásia funcional, se aleja de la verdadera esencia y del espíritu del dogo.
La caza de montería, es una modalidad cavernaria, en otro tiempo único medio del hombre para asegurar su sustento. Hoy una actividad heredada en nuestros genes, para algunos incomprensible, para otros el estilo más puro de cazar, donde los rivales se miden y hay vencedores y vencidos.
Las especies y las razas que no mejoran, desmejoran. Las que no evolucionan, involucionan, pero involucionar es retrogradar es desandar el camino recorrido en el transcurso de las generaciones. Es sinónimo de degenerar, porque es perder cualidades adquiridas para el fin propuesto. Antonio Nores Martinez.
El filósofo y ensayista Español José Ortega y Gasset (1883-1955), en su obra La Caza y Los Toros escribe lo siguiente: El miedo del animal perseguido es como un vacío donde se precipita cuanto hay en el contorno. El miedo que hace huir a la res sorbe entero el paisaje, lo succiona, se lo lleva corriendo detrás de sí, y hasta el mismo cazador, que por fuera está quieto, le galopa el corazón montado en su taquicardia. El miedo de la res... Pero ¿es tan cierto que la res tiene miedo? Por lo menos su miedo nada tiene que ver con lo que es su miedo en el hombre. En el animal el miedo es permanente, en su modo de existir, es su oficio. Se trata, pues de un miedo profesional, y cuando algo se profesionaliza es ya otra cosa. Por eso, mientras el pavor hace al hombre torpe de mente y moción, lleva las facultades del bruto a su mayor rendimiento. La vida animal culmina en el miedo.
Muchas personas que leen relatos de cacerías con dogo y cuchillo pueden pensar que es algo muy fácil, simple y que no entraña dificultad extra que la de llevar los perros al monte. Antes los prueban en un corral con un jabalí y sacan una conclusión errónea: Si muerde entonces caza. Hay muchos que aseguran que todos los dogos cazan pero entre cazar y morder la diferencia es abismal.
Hay que comenzar por el principio, la base de la cría y selección que nos legó el único creador de la raza, el Dr: Antonio Nores Martinez: P X M + E, Padre por Madre más educación. Debemos partir de ejemplares típicos, que se ajusten al Estándar Original de la Raza. Deben ser perros con una constitución morfológica correcta, bien balanceados, de buenas proporciones, compactos. Ejemplares que combinen velocidad con fuerza. Que no se fatiguen con facilidad. Peso y talla media. Óptimo desarrollo muscular y óseo. Que acepten el adiestramiento sin inconvenientes y que sepan trabajar en equipo. Obedientes, equilibrados, dóciles con la gente(en muchas ocasiones compartimos una jornada de caza con desconocidos). Insensibles al dolor, con instinto de búsqueda, capacidad de venteo y persecución de su presa, valiente en el combate y mordida de presa eficaz. A esto hay que sumarle las dificultades del terreno. Desde monte cerrado y sucio, suelos espinosos, montañas, sembradíos donde el jabalí hace gala de su velocidad hasta la siguiente mancha de monte espinoso. El constante estado de alerta y miedo en el que viven los animales salvajes, dificultan las posibilidades de éxito y exigen que los criadores-cazadores, nos esmeremos en seleccionar a los ejemplares que mejor rendimiento y virtudes posean. Persiguiendo el ideal de un perro polivalente y especialista en su trabajo.
Todas estas cualidades se heredan de ejemplares que las poséen. En cada generación que pasa sin ser sometidos a un trabajo riguroso, seleccionando los ejemplares más aptos para este tipo de caza, se van diluyendo sus virtudes, degenerando y criando con la incertidumbre de ¿qué tendrán estos perros dentro? “Confiando” en el poder residual de la genética de algún lejano antepasado que se mantenga latente.
En España hay un refrán que reza: “burra grande ande o no ande”. Esto es inaplicable a nuestra raza. La altura y peso en el dogo juegan un papel muy importante en su función . El perro alto ve mermado su rendimiento por diferentes motivos. Principalmente la agilidad es bastante limitada, sus movimientos torpes, se cansa con demasiado facilidad, no es veloz, no le gusta trabajar en montes sucios. En caso de ser herido hay que cargar con él y resulta tedioso portarlo a veces kilómetros a nuestras espaldas. No es lo mismo llevar un perro de 60 kg, que uno de 38 kg. Hay quienes sostienen que el perro grande en el combate es más contundente que uno de menor talla. Esto puede ser si el agarre es en los primeros minutos de la cacería, cosa poco probable. El perro después de un rato de marcha comienza a sentirse fatigado. En vez de trabajar delante con los punteros, se los suele ver a 100 metros del caballo, o nuestro si fueramos a pié, con la lengua fuera y en las mayoría de los casos llega el cazador antes al agarre que ese perro pesado.
Otro de los factores determinantes para un óptimo rendimiento de nuestros dogos, son los labios y hocico. Según el Estándar Original de la raza los labios deben ser: "Bien arremangados, tirantes, de bordes libres pigmentados de negro. Se exige el labio bien corto, para que cuando un perro esté haciendo presa, pueda respirar también por la comisura labial posterior, porque si el labio es péndulo, aunque el maxilar sea bastante largo, viene a hacer de válvula en la inspiración y cierra la comisura de los labios lo que impide al animal hacer una respiración supletoria por la boca durante la presa, teniendo que largar por asfixia como pasa con el Mastif". El perro con labio largo o péndulo además de ser un motivo de descalificación, no sirve para la caza de montería, ya que además de lo expuesto anteriormente, al hacer presa se muerde los labios lo que lo hace un perro no funcional.
Referente al hocico corto, que es un problema bastante asociado al labio péndulo, también es un punto importante para analizar. Cara u Hocico: "Del mismo largo que el cráneo, es decir que la línea que une las dos apófisis orbitarias del frontal está a igual distancia del occipucio y del borde alveolar del maxilar superior". Al decir que del mismo largo que el cráneo, es algo muy fácil de comprender y medir. Esto no es por un mero capricho estético, esta ligado a la función. En el apartado “RAZA” esta perfectamente explicado el porque de estas proporciones. Además de los problemas respiratorios y constante sensación de asfixia que presentan los ejemplares de hocico corto, hay que contar con un menor numero de células olfativas que dificultan el venteo y una clara regresión hacia un bulldog, algo totalmente despreciable.
En cuanto a la constitución física en general, el dogo es un meso-morfo, es decir, mantiene una armonía en sus proporciones. El estándar considera motivo de descalificación, cualquier desproporción corporal. Debe tener los posteriores con buen desarrollo muscular, angulaciones moderadas. Un perro recto de posteriores, al igual que los de humero corto, tiene un bajo rendimiento ya que ven sus movimientos limitados y suelen sufrir graves lesiones en las rodilla. La línea superior ensillada y larga, también es indeseable en un perro de trabajo como es el Dogo Argentino.
Como podemos ver el dogo es como una máquina. Todas las piezas son importantes, si falla algún elemento, no obtendremos el resultado esperado ya que quizá funcione, pero con fallos.
Digamos que el combustible que hace funcionar a esta “máquina” es la herencia ancestral, el carácter, su instinto de lucha y entrega hasta el final, que no todos los dogos poseen. El dogo es un perro de combate y lo debe ser tanto psíquica como morfológicamente.
De nada nos sirve un ejemplar con una cabeza perfecta y un físico correcto, sin el instinto de caza, coraje y bravura que un buen dogo debe poseer.
Otro factor que es indispensable en la funcionalidad del Dogo Argentino, es su dueño. Ya sea un particular o un criador, de él depende que después de haber adquirido un ejemplar a un criador serio, se preocupe tanto de su tipicidad y estructura como de su carácter. Que reúna todas las condiciones que necesita para ser un buen Dogo y se encargue de potenciarlas al maximo, para que su descendencia herede estas virtudes.
Cada camada que se cría con ejemplares que a su vez descienden de individuos que no han tenido ningún tipo de gimnaásia funcional, se aleja de la verdadera esencia y del espíritu del dogo.
La caza de montería, es una modalidad cavernaria, en otro tiempo único medio del hombre para asegurar su sustento. Hoy una actividad heredada en nuestros genes, para algunos incomprensible, para otros el estilo más puro de cazar, donde los rivales se miden y hay vencedores y vencidos.
Las especies y las razas que no mejoran, desmejoran. Las que no evolucionan, involucionan, pero involucionar es retrogradar es desandar el camino recorrido en el transcurso de las generaciones. Es sinónimo de degenerar, porque es perder cualidades adquiridas para el fin propuesto. Antonio Nores Martinez.
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